Poema: Lluvia

En el blog  La Roca más Diamante del mundo de Sara Redondo Scriptrix, leí un poema donde se recurre a la lluvia para contar una historia, y me gustó mucho. Es por eso que me gustaría compartirlo con vosotros. 
Fuente:  JoseMelim


Lluvia


Miré por las ventanas del tren
-que me llevaba hasta ti-
justo un par de minutos antes de llegar a la estación,
un par de minutos antes de volver a verte.

Yo no sabía si aquellas semanas habían sido meses eternos,
años insoportables,
siglos eternizables
tanto para ti
como lo habían sido para mí .

Sonreí porque vi tu silueta a través de la ventana de mi vagón,
estabas esperándome en un banco de la estación,
inquieta, moviendo las piernas
y tocándote el pelo con las manos,
así que pensé
-inmodestamente-
que también te morías de los nervios por verme.

Escuché un trueno feroz
que me sobresaltó y me sacó de mi feliz ensimismamiento
y unas gotas asesinas más que fuertes
empezaron a golpear,
sin miramiento alguno,
aquellas ventanas
-antes limpias-
por las cuales había estado viéndote.

La amable y educada azafata de turno
aseguró que ya se había terminado el viaje,
que el fin del trayecto nos devolvía a casa o a un distinto lugar,
pero que debíamos bajar del tren y salir de allí
sin olvidar nuestros equipajes.
Agradeció nuestra confianza en usar el tren como medio de locomoción
y yo me apresuré en rescatar la bolsa de mano que tenía en mi asiento
y a dar empujones a la gente lenta y que se aturrulla cuando va de viaje.

Cuando logré salir solamente busqué tus brazos,
esos que llevaban tanto tiempo sin darme calor
-o amor que para mí son lo mismo-
y las gotas de lluvia que ya había olvidado
se apoderaron de mí,
mojándome las gafas y bañándome el cabello,
empapando mi maleta y mi ropa,
haciendo que todas las gentes se volvieran locas
y no pararan de correr.

Aún no he logrado comprender cuánto daño puede hacer un poco de lluvia.

Tus ojos perdidos,
desesperados,
me encontraron por fin como un radar
y tus pasos lentos se volvieron raudos
hasta poder alcanzarnos.

No recuerdo cuanto fue
pero nuestro beso resultó eterno.
Las gentes nos miraban
y yo aun sin verlos sentí en mí sus maliciosos ojos
y su envidia insana,
su criticar abstracto
y pude escuchar, a lo lejos, los improperios más tontos que hay.

Nosotras dos simplemente nos besamos
y la lluvia nos lavó las caras
nos purifico los labios
nos bautizó los besos
nos descubrió las almas
nos santificó el silencio
y nos unió, por fin, en pagano casamiento.




¿Verdad que es bonito este poema? ¡Gracias Sara!

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2 comentarios:

  1. No tengo palabras, muchísimas gracias. Tengo una gran sonrisa gracias a ti, por tu mención y porque unos versos míos te hayan inspirado. Para eso escribo entre otras cosas, para llegar a las personas sea en la forma que sea. Un abrazo

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    1. Pues a mi me has llegado muy bien con este poema :) Espero leer cosas tan bonitas en el futuro.

      Saludos.

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