Especial relatos, cuentos, poemas y letras. Hoy Navidades

Es un gran placer tener un relato de una gran amiga que conocí gracias a mis pá's. Siempre me hace sonreír con sus fotos y tenemos muchas cosas en común. Una de ellas son los gatitos :) ¿Pero realmente hay alguien en este mundo que no le gusten los gatitos? Como ya me empiezo a emocionar os dejo con este relato sobre un regalo muy especial.

Relato sobre un niño y su regalo de Navidades
Un VHS, ¡Mi regalo preferido! Fuente: BurlapZack

El Pequeño Dios por Lady Necrophage / María Nieves Guijarro


<<¡Está vivo!, se está moviendo, ¡está vivo!, se está moviendo, ahora sé lo que se siente al ser Dios, 
clamaba un resucitado Colin Clive al otro lado de la pantalla, su memoria vívida impregnaba de luz aquel universo teñido de blanco y negro.>>

La emoción del niño se encaramaba entre las paredes, revelando la audacia de una  venenosa y reptante hiedra; sus ojos despedían fulgurantes destellos, pasión imprimida en aquellos labios que no se cansaban de pronunciar, una y otra vez, la consigna esbozada por su recién descubierto ídolo. Sin duda, aquel había sido el mejor regalo que papá Noel le hiciese en mucho tiempo, lo pensaba con total sinceridad. Y debía darle gracias a mamá por todo, ya que ella, haciendo siempre gala de su pertinaz insistencia, se prodigaba día a día en inculcarle su pasión por lo que otros denominaban “diferente”. Diferente, sí, ese era el modo en que algunas malas lenguas se empeñaban en tildar a su querida madre, pero él siempre procuraba hacer oídos sordos a palabras tan necias, aún a pesar del coraje que semejantes habladurías le infundían. Por otra parte, haciendo gala de su indestructible fuerza de voluntad, lo que tenía claro es que no era lo mejor perder su tiempo pensando en semejantes paparruchadas que sólo lograban alterar su estupendo estado de ánimo, prefiriendo imbuirse en la remembranza de aquellos momentos durante los cuales sentía que su vida adquiría un sentido auténtico. 

Así, su alma se inflamaba de gozo cuando escuchaba historias como la de esa escritora inglesa, una tal Mary cuyo apellido no le quedaba muy claro, autora de una interesante novela que narraba las proezas de un doctor capaz de crear vida aferrándose al poder de sus propias manos y la relevante ayuda de los fenómenos naturales. Un rayo, un único rayo había bastado para que la criatura de Víctor Frankenstein, pues recordaba letra a letra tan eminente nombre, abandonase su perenne letargo, un logro al cual nunca había podido dar crédito. 

Sin embargo, ahora suscribía buenamente aquella verdad que tan en tela de juicio había puesto, realidad a la cual se aferraba una y otra vez mediante la indiscriminada pulsación de aquel desgastado botón de rebobinado. Siempre le hicieron gracia esos horribles cacharros, tecnología pasada de moda que respetaba gracias al empecinamiento, como no, de su estupenda mamá, la cual le había insistido mil y una veces en la gran inmensidad de tesoros que descubriría gracias a semejante artefacto. 

Y ahora el aparatoso chisme, al que había bautizado con el nombre de “ladrillo descomunal” debido a su exagerada y cuadrangular figura, había suscrito con creces cada una de las verídicas palabras de su progenitora. Lo reconocía, al principio había tomado el regalo con verdadera desgana, no sabiendo de qué manera reaccionar en el instante en que sus manos desgarraron el bonito y floreado papel que recubría aquel  pequeño paquete, particular obsequio que descollaba entre un buen puñado de juegos para la play, otro ingente surtido de novedades electrónicas en boga y algunos libros de esos que solía leer firmados, como no podía ser menos, por un ingenioso autor norteamericano que le encantaba, el señor R.L. Stine. 

Supo enseguida que el desencanto se había dibujado a fuego en su semblante al contemplar esa antigualla salida de las cavernas, un VHS de aspecto demasiado “viejuno” para su gusto, pareciéndole especialmente grimoso el cuarteado papel que en un pasado actuase como carátula y que, actualmente, presentaba un aspecto descolorido y casi macabro. 

Pensó que mamá se decepcionaría al advertir su profundo desengaño pero, lejos de darle esa impresión, advirtió la enorme sonrisa que se reflejaba en su rostro, siempre resplandeciente y adorable. Era imposible no caer vencido bajo el poder de convicción de alguien tan sofisticado y con semejante capacidad oratoria, esa era su mami, única donde las hubiese, dechado de todas las virtudes existentes. ¿Y cuáles fueron las argucias que tal mujer había utilizado para convencer al joven Fran? Simplemente, esgrimir un argumento como que aquel presente era un legado sacado de su propio corazón,  había servido para que el niño, de tan solo ocho años, se sintiera obligado a no sólo aceptar aquella dádiva, sino a cumplir la promesa que afloraba en su interior, rendido ante la fruición de tales palabras:

—¿Recuerdas las historias que te contaba acerca de aquel hombre que era un dios? Pues aquí está todo eso y más, cariño. Anda, dale una oportunidad antes de condenarla, verás cómo te acaba gustando. Tal vez mañana en lugar de pasar tantas horas delante de la videoconsola podrías aprovechar para echarle un vistazo. Sé lo que me vas a decir y no, no habrá ningún problema con la canguro, aunque tu padre se empeñe en lo contrario ya he hablado con ella y le he dejado claro que deje ciertos asuntos de mi cuenta—, después, un travieso y confidente guiño había terminado de surtir el esperado y persuasivo efecto.

Y ahí estaba ahora, dejándose embelesar por las proféticas palabras del que se había convertido en su 
nuevo héroe, el mismo que había logrado en menos de dos minutos que renegase de sus antiguos ídolos, ¡qué diablos!, Batman, Spiderman, todas esas patrañas eran solo cosas de niños, y él se estaba convirtiendo en un hombre inteligente y racional, tanto que había decidido reestructurar la decoración de su habitación para tornarla en un imponente homenaje a esos titanes dignos de verdadera admiración. 

No en vano, reconocía que el visionado no estaba teniendo demasiado éxito al principio, y ese tipo trajeado y con pajarita que aparecía advirtiendo de lo terrible de la historia y blablablá... se le antojaba tan anticuado y teatral como, supuso, lo sería el resto de la cinta, nada más lejos de la realidad para su suerte. No le quedaría más remedio que tragarse su orgullo, comerse sus malas caras y aceptar que su madre había acabado venciendo como siempre, anda que no era lista. Además, tenía razón sobre todo en una cosa, y es que ese señor de extraña fisonomía que aparecía dando vida al monstruo le ponía los pelos de punta, ¿cómo se llamaba?, tenía un nombre verdaderamente particular, era imposible que lo hubiese olvidado de golpe, ya que mamá le había hablado de él en un sinnúmero de ocasiones. Era... era... sí, ya lo tenía...Boris Karloff, aunque para él no se trataba de un simple actor de rostro enjuto y mirada penetrante, no, sino de la criatura a la que el doctor Frankenstein revivía una y otra vez ante sus ojos expectantes.

Hacía ya bastante rato que había sonado el teléfono, levantó el auricular y se resignó ante la escucha del tono indignado que revestía de ira la voz de su padre, algo que sabía sucedería cuando se sincerase y le contase toda la verdad. Y es que Rebe, la estúpida canguro quinceañera que, en diferentes ocasiones, sus padres contrataban para cuidar de él y de su hermana Eva, de tan sólo un año, se había marchado, sin avisar, antes de la hora convenida. Evidentemente, la explosión de papá era comprensible, y el niño notando tal nerviosismo sólo quería quitar peso al problema, alegando su madurez y pidiendo a sus progenitores que tuvieran un ápice de confianza en él. Se había ganado el cielo, tanto que de fondo escuchaba a mamá prometerle que le invitaría a un happy meal en premio a su prematura responsabilidad, lo cual le complacía enormemente. Después, colgó esgrimiendo una enorme sonrisa de satisfacción en el rostro.

Aferrado con ahínco al mando de aquel aparato ya en desuso, sentía el pálpito cada vez más potente de su corazón desencajado. Era cierto que la ciencia médica había avanzado mucho en los últimos tiempos, consiguiendo logros de tal magnitud como el trasplante de órganos o el injerto de extremidades de unos cuerpos a otros. Creía, a toda costa, en el poder del ser humano, en su perseverancia y capacidad intelectual pero, eso sí, admitía no haber visto jamás a nadie como el doctor Víctor Frankenstein, un verdadero dios, su dios, capaz de construir un hombre completo con la única ayuda de sus manos, modelo a seguir para aquel chiquillo que acababa de desarrollar unas altas aspiraciones. 

El rapto de inspiración le llegó tan raudo como el rayo que, en pantalla, insuflaba vida a la terrible criatura, haciéndole sonreír ante la atractiva perspectiva que refulgía en sus ojos. 

Quería ser enormemente admirado, idolatrado por todo el mundo que le rodeaba y por aquellos que todavía no le conociesen, necesitaba dar rienda suelta al brote de creatividad que galopaba con insistencia en su mente liberada. Se quedó pensativo, contemplando las imágenes en blanco y negro que desfilaban mostrando su fidedigna visión de tiempos pasados, aquello era un borrón al cual ya no prestaba atención mientras abandonaba la pequeña salita situada en el primer piso, estancia en la cual se alojaba aquel añejo y casi inservible aparato. Con decisión, inició el descenso por las escaleras hasta llegar a la planta de abajo, deteniéndose frente al ornamentado recibidor situado a continuación de la entrada principal.

El extenso pasillo conducía al regio salón, una estancia solemnemente decorada en el centro del cual se alzaba un gran abeto navideño colmado de regalos, costumbre decorativa que era un pecado faltase en tan significativas fechas. Sin pararse siquiera a contemplar aquella profusión de engalanados paquetes, curiosidad que le habría vencido en otra ocasión, sólo prestaba atención a la pequeña cajonera donde juraría haber visto a mamá guardar su ordenado cesto de costura... sí, así era... ¡Ahí estaba!, alojado en el primer compartimento. Lo cogió con sumo regocijo y, apurado, inició el frenético ascenso, exultante en su empeño aún a pesar de lo agotadoras que se le antojaban aquellas interminables ristras escalonadas. 

En la cúspide de la construcción, existían dos bonitas y confortables estancias, una donde papá y mamá descansaban y otra, algo más reducida, empapelada de princesas Disney, en el interior de la cual se hallaba la cuna, donde reposaba la dulce Eva. El niño buscaba llegar a ésta última, sabiendo que su hermana dormía plácidamente. Sigilosamente, casi de puntillas, penetró en el cuarto, cerrando tras de sí con una sutileza exquisita. Apoyó el pequeño cesto, tapizado de una suave tela con motivos frutales, encima de la cómoda blanca situada a mínima distancia de la entrada, justo a su derecha y, con la delicadeza propia de un cirujano, extrajo de su interior unas tijeras de corte largas y afiladas. Contempló con atención el plácido cuadro que se mostraba ante sus ojos: la niña sumida en aquel apacible letargo sin comprender, todavía, las preocupaciones del mundo real, Lugosi, el hermoso podenco andaluz que convivía con la familia desde hacía ya cinco años, obstinado en su afán protector a los pies de la cuna, eso sí, disfrutando de un reparador sueño. La bola de pelo azulada en que se había convertido Carmilla, una bellísima gata rusa todavía joven, firme capricho de su padre, hacía lo propio junto a su querido hermano cánido.

Impaciente, el afilado instrumento se cerraba y abría en su mano describiendo una parábola amenazante. Tres cuerpos, tres posibles configuraciones, millones y millones de siniestras ilusiones arracimándose en su mente visionaria. ¿Por dónde empezar? ¿Qué consejo le ofrecería Víctor Frankenstein en ese mismo momento? su dios no dejaba de hablarle desde el otro lado de aquella pantalla teñida de blanco y negro. Necesitaba concentrarse, dar rienda suelta a su ingenio preñado de artísticos arrebatos para, sobre todo, demostrarle a mamá lo profundo que su mensaje había llegado a calarle. Sí, ese sería el regalo perfecto para ella. Frunció el ceño al mismo tiempo que, arma en mano, avanzaba con decisión, dispuesto a interrumpir la paz de aquella idílica escena...


Palabras de la autora:

Mª Nieves Guijarro Briones aka Lady Necrophage (Cuenca, 1983), lectora empedernida desde su más tierna edad que, influenciada en los primeros años de su vida por la sinpar belleza de producciones infantiles como Dentro del laberinto o Dark Crystal  decide hacer sus primeros pinitos dentro del mundo literario presentándose a algunos certámenes escolares y, posteriormente, realizando colaboraciones esporádicas en el periódico escolar. Así mismo, realizó también alguna incursión de carácter breve en la revista infantil Pequeño País, entre los años 1992 y 1993.

No sería hasta el año 1994 cuando comenzó a imbuirse en el universo de la literatura de terror y ciencia ficción, mediante la lectura de la serie infantil Pesadillas, del escritor estadounidense R.L. Stine. Sin embargo, no se vería claramente influenciada por esta corriente literaria hasta escuchar las primeras retransmisiones del programa Sobrenatural,  espacio cultural de Radio Nacional de España presentado y dirigido por el periodista Juan José Plans dedicado a difundir la obra de autores clásicos como Edgar Allan Poe o Robert Louis Stevenson entre muchos otros, cuya corta emisión abarcó los años 1993 y 1994. El éxito de tal iniciativa daría lugar, años más tarde, al nacimiento de Historias, otro espacio de radioteatro también presentado por Plans con similares características aunque de mayor calidad, que contaba con un espacio mensual dedicado a colaboraciones de los oyentes denominado Magazine Historias, en el cual colaboró entre los años 1999 y 2002 con los relatos Un útimo aliento, El guardián de la noche, Están ahí y Soy tu mente. Entre tanto, realizó también varias incursiones en el periódico Enigmas Express, suplemento adjunto a la revista Enigmas, entre los años 2000 y 2003.

Durante un largo periodo de tiempo, publicó de forma espaciada en diferentes foros y espacios virtuales participando, años más tarde, en el concurso Midian: Espejo de los sueños II con varios relatos y un poema corto, todos ellos contenidos en una compilación virtual con el mismo título. De forma más reciente, ha participado en publicaciones como la revista digital Vuelo de Cuervos, u otras en soporte físico como Klowns horror fanzine o diversidad literaria. Desde el año 2013, es redactora en la web www.almasoscuras.com


También ha participado en la antología "El monasterio de Santa Dunia" por obra y gracia de James Crawford Publishing.

Este magnífico cuento forma parte de una recopilación de cuentos que hizo la revista Vuelo de Cuervos en su I Especial Navidad.  El especial empieza con un prólogo de Raven Pink, una recomendación peliculera, 18 relatos de alto voltaje y 1 micro relato. ¿Os atrevéis a leerlo?¡Pues claro que sí, mis humanos preferidos!


- Descargar el I Especial de Vuelo de Cuervos en Pdf






¡Gracias señorita Nieves por su escrito y por su tiempo para dedicárselo a este pequeño cojín!

Quizás también te interese...

12 comentarios:

  1. ¡Me ha encantado el relato! Adoro el género de terror en todas sus variantes. Un besote!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mi también me gustó. Seguro que la autora estará muy contenta :)

      Eliminar
  2. Hola pequeño Mini Fu

    Que historia más genial esta que has compartido hoy, un gran aplauso para su autora.

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si yo tuviera manos también aplaudiría :)

      Eliminar
  3. ¡Me ha encantando! Los relatos cortos de terror son mis favoritos.
    Gracias por compartirlo *^*

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De nada, pero debemos darle las gracias a Lady ^o^

      Eliminar
  4. Lady está muy contenta y da las gracias a su querido Minifu por este detallazo y por ayudar a difundir su palabra de juntaletras aficionada. Meeeoooowwwwwww

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya sabes que cada vez que quieras contar algo esta es tu casa gatita :)

      Besitos aterciopelados

      Eliminar
  5. Gracias por compartir este relato, MiniFu, ha sido genial. Me encantan los relatos cortos que saben transmitir un mensaje.

    ¡Un beso!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo solo soy el cojín mensajero :) Todo el crédito para Lady.

      Muchas gracias por comentar Sherezade <3

      Eliminar
  6. Muy chulo el relato, me encanta. Vi que me seguiste, te sigo de vuelta ;) the world of the duky. Besos, me iré pasando.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias :) Yo también te seguiré de cerca

      Eliminar

Entradas populares

suscribirse

* Campo requerido, si no como te voy a enviar el e-mail...¡Cerdicornio!