Observatorio Z. Toma 12

Como una docena de huevos eclosionados de los que salen zombis... ¿A no? Qué no se reproducen por huevos <Junior me mira mal mientras me dice "¿quen ndoo ten has netn dn de nasda que dl leido? Se repdsñd por dmsohdi jijiiiiiii" y ahora os traduzco "¿Qué no te has enterado de nada de lo que has leído? Se reproducen por mordiscos"

Vamos a por el relato doceavo con David Yuste del blog Escribiendo otra realidad


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Observatorio Z - Especial relatos sobre apocalipsis zombie para leer online
Portada: David Yuste




Me he despertado a las 5 como cada mañana para ir a trabajar, y también como cada mañana, con pocas o muy pocas ganas, pero hoy hay algo diferente, el ambiente es extraño. Pongo un pie en el frío suelo y después el otro, lo noto más frio de lo habitual, habrán bajado las temperaturas quizá. 

Después de vestirme y asearme, he bajado a hacerme una taza de café, porque irme a trabajar sin cafeína no lo perdono. Mientras estoy bebiendo me percato del silencio que me rodea, sé que es muy temprano, y que vivo en un pueblecito a las afueras de Barcelona, sin el ajetreo que conlleva una gran ciudad, pero es un silencio casi perpetuo, no se oye absolutamente nada, y a estas horas normalmente, ya comienzan a escucharse los coches de los que como yo, van a trabajar a estas horas. No le doy más importancia, me acabo mi café, cojo mi mochila, las llaves del coche y de casa, y me dispongo a salir.

Una vez en la calle observo que el alumbrado público no funciona, la calle está bastante oscura, el sol comienza a salir pero no lo suficiente como para que se vea con claridad. Todo sigue en un extraño silencio. Camino por la calle en la que vivo, dirección sur, hacia una calle próxima donde está el parking en el que guardo mi coche.

Durante todo el trayecto a pie no me he cruzado con nadie, es extraño, al igual que yo, a esta hora suelo ver a algún vecino que va a trabajar. Por un momento dudo si me he equivocado de día de la semana y quizás es festivo. Mi reloj me confirma que no, es miércoles, 10 de agosto. 

Estoy llegando a la calle en la que está el parking en la que aparco mi coche, justo antes de girar hacia la derecha, escucho un extraño murmullo, parecen animales peleándose, pero es un sonido muy extraño, no me es familiar. Tomo esa calle con precaución, no me apetece nada que un perro me muerda a estas horas de la mañana. De pronto, veo un grupo de gente amontonada sobre otra. Jalean, se empujan, se apartan, se muerden. ¡Veo sangre, mucha sangre! Doy un paso atrás asustado. ¿Qué demonios le pasa a esa gente? ¿Por qué se comportan como animales?

Uno de ellos se percata de mi presencia y se dirige hacia mí. El resto le mira y lo siguen. Aún sigo bloqueado ante esta situación, mi cabeza no es capaz de asimilar lo que estoy viendo, no reacciono y ya están casi encima de mí. Finalmente, y cuando ya están a punto de agarrarme, aparto las manos de uno de ellos, esquivo como puedo a otro y comienzo a correr sin rumbo.

Cuando estoy a una distancia prudente me detengo para recuperar el aliento, tengo que pensar que hacer, no puedo callejear por el casco antiguo sin sentido, esas calles son muy estrechas y se pueden convertir en una trampa para mí. He de buscar calles amplias, con mucha visión, donde pueda ver bien que sucede, no quiero más sorpresas.

Me dirijo dos calles más abajo de donde yo vivo, es una carretera nacional que trascurre paralela a la playa y cruza todo mi pueblo. Allí estaré algo más a salvo mientras pienso que hacer. También, tengo la esperanza que encontraré a gente, ya que esa vía siempre tiene tráfico de coches y personas, sea la hora que sea.

Mientras bajo a paso ligero, mirando bien a todo lo que me rodea, voy pensando en lo que acabo de ver, era un grupo de gente comiéndose a otra. Por extraño que parezca, se parecían a los Zombis que a veces se ven las películas o series de televisión. Entre ellos, me ha parecido reconocer a algún vecino de los que aparca el coche en el mismo garaje que yo.

Bajo los peldaños que me llevan a la vía principal de dos en dos, mientras voy sacando mi teléfono móvil del bolsillo. Marco rápidamente el número de emergencias para contar lo que acabo de ver, para que venga la policía, una ambulancia o que se yo, quizá el ejército directamente. Marco el 112 y nada, no da tono, miro la pantalla de mi teléfono y veo el símbolo de que no hay red. ¡Qué extraño!

Llego a la vía principal, nuevamente no hay nadie. Algún coche estacionado, algún otro parado en medio de la carretera, un poco más al Norte veo otro accidentado. A estas horas y en un día normal esto debería estar ya repleto de coches, con sus respectivos conductores y camino de sus trabajos. Pero claro está, hoy no era un día normal.

De pronto veo la luz del tren que se acerca. ¡Es el de las 6! ¡Por fin algo normal! La parada solo está a 100 metros de donde me encuentro, corro hacia ella. Allí seguro que hay gente en el andén esperando, y puedo preguntar a alguien si sabe qué demonios está sucediendo.  A medida que se acerca, veo que no disminuye su velocidad, es mas, va a una velocidad superior a la habitual. Si no frena, va a descarrilar en cualquier momento. 

Decido no llegar a la estación, buscaré refugio por si descarrila el tren hasta que este pase. Me escondo detrás de unos coches estacionados justo delante. El tren está a punto de rebasar el punto donde me encuentro, me estiro en el suelo boca abajo y me escondo debajo de uno de los coches, pongo mis manos sobre mi cabeza y miro al suelo.

El tren pasa velozmente a la altura del lugar donde me encuentro, supera incluso la estación, que al pasar tan rápidamente, esta activa los sistemas de frenado de emergencia, el convoy comienza a moverse de manera muy brusca, imitando el movimiento de una serpiente, el chirrido de las ruedas rompe por completo el silencio que había dominado hasta ahora. Pasa lo que era previsible. El tren comienza a descarrilar con una violencia que destruye todo allá por donde pasa. Rápidamente una nube de polvo y humo comienza a cubrirlo todo. Pasados unos largos segundos, de nuevo otra vez silencio.

El polvo y el humo poco a poco van desapareciendo y van dejando entrever los enormes amasijos de hierros,  equipajes y personas. Algunas heridas, otras agonizando y el resto, ya muertos. Por unos segundos dudo si salir, me veo en la obligación de ayudar a los heridos, pero después de lo que me ha sucedido antes, me da miedo lo que me pueda encontrar entre los restos del tren y sus pasajeros.

Finalmente, me envalentono y decido echar una ojeada, despacio, con mucha precaución voy saliendo, voy mirando continuamente a mi alrededor. Decido dirigirme hasta donde está un niño mal herido que solloza, tiene una enorme pieza del interior del vagón del tren encima, cojo una vara de hierro e intento hacer palanca para sacarlo. Pesa mucho, me esfuerzo todo lo que puedo, el niño ya ha dejado de llorar, no hay tiempo, si no lo saco ya morirá. Un último esfuerzo y al fin consigo apartar los restos que le aplastan, rápidamente lo cojo, lo levanto y le giro la cabeza hacia mí. De pronto el niño emite una especie de gruñido y se lanza a morderme en la cara, lo aparto como puedo, forcejeo con él. Me lo quito de encima y de nuevo se tira hacia mí, cojo la barra que había utilizado anteriormente y le atravieso la cabeza.

Por unos segundos me quedo helado, pienso en la barbaridad que acabo de hacer, he matado a un crio. Me froto la cara, tengo restos de su sangre. Miro alrededor buscando agua con la que limpiarme. Muchos de los cuerpos que antes creía muertos comienzan a levantarse, gruñen y caminan erráticamente, me miran, se han percatado de mi presencia y caminan hasta donde me encuentro.

Me olvido del agua y solo pienso en huir, vuelvo a coger el palo con el que he acabado con la vida de ese niño. Comienzo a golpear a los que están más próximos a mí. Uno, dos, tres, hasta cuatro. El tren iba lleno a esas horas, si no huyo pronto acabaré siendo uno de ellos.

Me dirijo a uno de los pocos coches que hay en la carretera, miro el primero y otro muerto en su interior deseando acabar con mi vida a mordiscos, voy al segundo que parece vacío, abro la puerta del conductor con precaución, no veo nada extraño, miro si tiene aún las llaves puestas, ¡ahí están, perfecto!

De pronto, escucho un estruendo, un helicóptero de color azul oscuro pasa justo por encima mío, vuela muy bajo, como buscando algo. Se comienzan a oír disparos, muchos disparos. El montón de muertos vivientes que merodeaban sin rumbo comienza a disminuir. Los están matando, o mejor dicho rematando.

El helicóptero comienza a girar, van a volver, he de irme de aquí cuanto antes o me mataran a mí también. Me subo rápidamente al coche, no tiene mucha gasolina pero ahora mismo no tengo elección. Arranco y voy en dirección a la capital, Barcelona.

Esquivo un sinfín de chatarra como puedo, los muertos vivientes que aún quedan, acelero, el helicóptero pasa de nuevo por encima mío y se dirige a la zona del accidente. Yo ya estoy lo suficientemente lejos. Al fin la carretera está libre y piso el pedal a fondo.

Llevo unos diez minutos conduciendo, me he encontrado con muchos coches abandonados, pero de momento prefiero no cambiar de vehículo por si acaso, no quiero más sustos. También, he comenzado a ver columnas de humo en distintos puntos. Serán más accidentes pienso.

No sé bien porque he decidido ir hacia la capital, he visto dirigirse a los helicópteros hacia allí, puede que esté lleno de muertos vivientes o puede que, por el contrario, esté asegurada la ciudad, ya que hay más policías. Puede que me equivoque en mi decisión y que vaya camino de una muerte segura. Pero eso, hasta que esté allí, no lo sabré…

Por cierto, mi nombre es David… y esta es mi historia de supervivencia.

Hay que tener valor para levantarse a las cinco de la mañana y encima hacerle frente a los zombis, pero David la próxima vez no vayas a la capitaaaaaaaaaaal ¡Por amor de madre!

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9 comentarios:

  1. Ahora David responderá a los comentarios...

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    1. Mi vida es así de triste, me levanto a las 5 para ir a trabajar, y algún que otro zombi también me encuentro a esas horas 😬

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  2. Genial, ha sido emocionante, el relato tiene un ritmo trepidante. Y si, la verdad es que gracias a las películas y los libros de zombies sabemos que las ciudades son un criadero impresionante de muertos vivientes...o sea que ¡pobre de nuestro protagonista! Espero que sortee la situación y mejor se dirija hacia el campo, jeje.
    Mis felicitaciones, David, lo has bordado. Y gracias a Mini Fu por este fantástico catálogo de relatos.
    Un saludo :)

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    1. Gracias a ti Marisa por leer y dejar comentario. :) Te he contestado por privado ;)

      Besitos.

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    2. ¡Muchas gracias! Me alegra que te haya gustado, mil gracias también, a la autora de este blog por darnos esta oportunidad

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  3. Uff qué tensión! Ha sido como ver la intro de una buena película de zombis y pensar "se avecina algo grande (y nada esperanzador)".
    Me ha encantado el momento con el niño y como después piensa en lo que ha hecho.
    Ir a la ciudad no es lo más sensato, mucho zombi pero seguro que también hay supervivientes ^^
    Saludos!!

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    1. ¡Gracias! Me alegra que te haya gustado, veo que lo de ir a la ciudad no os parece buena idea a nadie, pero tiene su por qué, más gente, más recursos, aunque puede que también más zombis, pero aún no se sabe... Quizá me anime a continuar el relato...

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  4. Coincido con Mini-Fu en lo de ir a la ciudad... Pero bueno, supongo que cada uno tiene su plan de urgencias en la cabeza.

    Buen relato.

    Un saludo

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  5. Ir a la capital igual no es lo mejor... Pero creo que en un momento así no se piensa con mucha coherencia, ¡Encima a las 5 de la mañana! A esas horas me podría integrar perfectamente entre los zombies xD

    ¡Saludos!

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