Observatorio Z. Toma 13

El número 13 lo trae Jason Voorhees con su vblog... Holden, nuestro querido zorrito del blog A la horca todos los que no son yo


Observatorio Z - Especial relatos sobre apocalipsis zombie para leer online
Ilustración: TheMightyGloop

¿Alguien a ententido el chiste de Jason? <de aquí al club de la caquita comedia


LabriegoZ


El sol pegaba fuerte aquella mañana y las chicharras atronaban tan fuerte que parecían la banda sonora del campo. Un padre y su hijo, montados en un tractor, araban unas tierras destinadas a convertirse en majuelos llenos de uvas en los próximos años. Los arados del tractor se hundían entre los guijarros surcando y destrozando la tierra. Y algo  más. 

Al mediodía, en el bar, tomaban un aperitivo mientras Braulio el cazador les contaba cómo le había ido la jornada. Al parecer aquel día su perra preferida, Sevilla, había sido capaz de localizar con una facilidad pasmosa varias liebres que Braulio abatió con la escopeta. Liebres y algo más. 

Antes de echarse la siesta segaron los hierbajos que crecían cerca de su casa ayudados por pequeñas hoces afiladas como la guadaña de la parca. Aquel mediodía, bajo el ardiente sol segoviano, trocearon briznas de mala hierba. Y algo más.

Por la tarde el padre, que se llamaba Ismael, había llevado a su hijo Fran a pisar uvas a una vieja bodega que había a las afueras del pueblo cubiertos por unos gorros de paja que en cualquier ciudad habrían parecido ridículos. Lástima que ya no vivía demasiada gente para reírse de ellos en las grandes ciudades. Habían pisado uvas y algo más.

Anochecía y de camino a casa se encontraron con Elías, el pastor, que les contó la historia de cómo sus perros ovejeros habían espantado aquella tarde a la manada de lobos que lideraba una loba parda y que últimamente se acercaban demasiado envalentonados al pueblo. Habían logrado matar a uno de los lobos, les dijo con orgullo. Y a algo más. 

Ya en casa, mientras cenaban un conejo guisado que habían cambiado a Braulio por el doble de su peso en uvas, tuvieron una tranquila conversación:

- ¿Será verdad eso que decían en las últimas noticias de la tele de que el mundo se ha acabado?

- Eso dijeron, sí.- contestó Ismael tras hacer un ruido grosero al sorber un poco de salsa.

- Pues el fin del mundo –reflexionó el chaval-  aquí se ha notado más bien poco. 

Tenían que seguir trabajando de sol a sol para cultivar la tierra. Tenían que seguir dejándose el lomo cada mañana. Tenían que seguir levantándose con las primeras luces. Y para colmo, pensó Fran, ahora también tenemos que encargarnos de algo más. Como si no tuviéramos bastante trabajo antes de que el mundo se acabase.

- Estos de la ciudad es que se quejan por todo.- concluyó el hijo. 

¡Menudo relato, es curioso que en tan pocas palabras se pueda explicar una gran historia!¡Viva la lectura!

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6 comentarios:

  1. Me ha encantado la manera como lo has escrito. Simplemente genial :D.

    Me he acordado de cierto pueblo, cuyo nombre no mencionaré, donde tus personajes encajarían con sus gentes. Allí en vez de hacer la tomatina se pelean a naranjazo limpio, con esto lo he dicho todo.

    Saludos desde el norte

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    1. Gracias, me alegro de te haya gustado señorita Aivic :D

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  2. Me ha gustado mucho, como se suele decir, lo bueno si breve dos veces bueno.

    Me ha recordado mucho a algunos personajes de Ray Bradbury :)

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  3. Corto pero directo. Me ha encantado lo bien escrito que está :)
    En tierras extremeñas ya me han dicho que los de ciudad nos quejamos mucho... va a ser cierto.

    Saludos!!

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  4. Está contado como muy sutilmente y me ha gustado mucho por ello, cortito pero interesante.

    ¡Saludos!

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