Observatorio Z. Toma 7

Séptimo relato de Observatorio Z. Esta vez de la adicta a las series MarisaR del blog Poo in Wonderland

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Observatorio Z - Toma 7
Ilustración: Varriel



Colores en el viento 

Todo empezó un maravilloso domingo de principios de verano, uno de esos en los que todavía puedes salir a la calle en Málaga sin que te de un golpe de calor. El Ayuntamiento había organizado una carrera solidaria para todas las edades, un evento lleno de actividades con música, fiesta de la espuma y la clave de todo esto: ráfagas de polvos de colores durante el trayecto de la carrera. Para resumir, digamos que tener a media ciudad entregada y despreocupada rebozándose en preciosos polvos de colores supuestamente naturales era perfecto para lo que vino después.

Unos días después empezaron a dispararse las alarmas por toda la ciudad, la gente empezó a volverse loca, lanzándose sin más contra otras personas convulsionando y delirando, con la cara desencajada y sin atender a razones, lo único que querían eran dañar, morder… No volvían a recuperarse y eran altamente contagiosos. Al poco se descubrió que los polvos tan llamativos de aquella carrera en realidad eran una fórmula mejorada de la famosa droga “caníbal” Flakka, que provoca psicosis, paranoia, agresividad extrema, arritmias cardíacas e hipertermia entre otros. Sí amigos, un atentado terrorista… Quién iba a decirme a mí que en un sitio como este pasaría algo así.

Cuando lo veía en las noticias, aunque obviamente no lo decía en alto, pensaba eso de « qué guay, ¡zombies! ». Me encantan (o encantaban) las películas de zombies, las series, ¡todo! pero claro, no es tan guay cuando te toca a ti lidiar con ellos y no, tampoco es tan fácil como cuando le gritas a la tele « ¡En la cabeza, idiota! ¡Dale en la cabeza! » al ver como el protagonista de turno es tan manta que no atina y se lo acaban comiendo.

La primera vez que estuve cara a cara con un zombie (formalmente llamados infectados, que ya ves tú qué original) estaba con unas amigas en El Último Mono, uno de nuestros locales favoritos para merendar en una callecita al lado de la Plaza de la Constitución después de haber pasado media tarde paseando por Muelle Uno, observando a los valientes turistas que todavía se aventuraban a venir y comentando los últimos chismorreos de Internet. Porque a pesar del atentado, parecía que no pasaba nada. Se tomaban las medidas típicas de prevención (mascarillas, desinfectar las manos…) y santas pascuas. Decían que estaba controlado aunque era una mentira como una catedral. ¿Qué iban a controlar? No había cura y la droga ya estaba en nosotros. Quien más y quien menos aunque no hubiese estado en la carrera, conocía a alguien que sí y tan solo con que estornudaran a tu lado ya te contagiaban, aunque no fuera espontáneamente. La única manera de convertirte en un zombie más rápidamente es que tu sangre tenga contacto directo con la de un infectado en todo su esplendor. 

Pero como decía, estábamos en el local y mientras estaba en la cola para hacer mi pedido (lo de siempre, trozo de brownie y licuado #2) un chico que tenía delante empezó a toser de tal manera que parecía que se le iban a salir las tripas. Cuando el amigo que iba con él lo agarró de los hombros le preguntó si estaba bien, este se le tiró directo al cuello y pude escuchar claramente cómo se desgarraba la carne… No vi nada, me quedé en shock, bloqueada completamente. Sólo llegué a escuchar gritos que se fueron difuminando, estaba como en una dimensión paralela. Si no fuera porque otra clienta me tiró al suelo en su huida y reaccioné, creo que no hubiese sobrevivido. 

Me levanté como pude con la ayuda de mis amigas con el corazón en la garganta y temblando como nunca antes lo había hecho. Dentro del local dejábamos por lo menos a cuatro zombies dando espasmos, gruñendo y comiéndose entre ellos. Cruzamos toda la plaza corriendo hasta Calle Nueva, que estaba lo bastante lejos para estar a salvo pero lo bastante cerca para observar cómo la gente corría despavorida gritando, aterrada, dándose empujones, y la posterior llegada de los antidisturbios junto a varias ambulancias.

Sin embargo la pesadilla no terminó al llegar a casa. Normalmente Teukie, el hiperactivo de mi perro, me saluda como si no hubiese mañana, pero esa vez se limitó a mirarme desde el pasillo con el rabo entre las patas. Empecé a hiperventilar y me metí en la habitación para cambiarme y revisarme en busca de heridas y… Oh, ahí estaban, unos arañazos bastante feos cerca del tobillo. Imagino que con el flipe y el subidón ni cuenta me di, no sería la primera vez que me hago daño (de tener que darme puntos y todo) y me entero horas después, aunque sí sería la primera en la que por ello cambiaría todo.

Después de un rato llorando y sin saber si estaba más enfadada por saber que iba a convertirme en una desquiciada a la que matarían o moriría de un ataque cardíaco tras sembrar el caos o porque a ver quién me mandaba a mí a salir, con el calor que hacía (y con la de series pendientes por ver…), decidí liarme la manta a la cabeza en un acto sumamente egoísta y me dije, «Marisa, siempre has querido hacer de zombie en algún corto o cualquier cosa… Pues toma zombie, de perdidos al río». Acto seguido metí lo básico en una mochila, dejé una nota para mi familia en el salón y me marché. Total, sabía que como mucho iba a tardar un par de días, o quizás un par de horas, en convertirme en una infectada al cien por cien.

Así que nada, ahora, día y medio después, estoy escribiendo esto. Como buena blogger que soy (o lo intento… O intentaba) tenía la imperante necesidad de contar mi historia, de cómo finalmente he acabado siendo parte de la ficción que tanto me gustaba… Mientras mi cuerpo se sacude cada vez más seguido y se me van nublando las ideas, mientras las ganas de arrancarle la cabeza al señor del banco de enfrente que lleva un rato mirándome fijamente se hacen más reales.

¡Así me gusta, bloguer hasta la muerte!

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8 comentarios:

  1. Ya sabéis, este cojín se hecha a un lado para que brille la estrella de Marisa. Besos

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  2. jajajaj eso! que ser bloguer y contarle a los fans es primero, el apocalipsis zombi puede esperar! Excelente historia.

    Besos

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    1. ¡Siempre hay que tener informado al personal!

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  3. Me pregunto si de zombi seguirás escribiendo, aunque sea en un idioma diferente para una audiencia zombi xD

    Me lo he pasado muy bien leyendo el relato :D

    Besines

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    1. Jajaja pues no lo había pensado pero sería buena idea.. un Daily Zombie recopilando todas las cosas que hemos aprendido en el Observatorio Z, como que no hay que comer gatos y alejarse del pan con ajo... xDD

      ¡Saludos!

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    2. Pues a ver quien se anima a hacer la recopilación :)

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  4. Muy buena historia, ahí informando hasta el último momento XD

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  5. (Y con la de series pendientes por ver…) jajajajaja me meo con esto!!
    Me ha encantado! Te has entregado al destino y punto, oye. Es muy valiente :)
    Espero que sigas informándonos!!
    Besos!

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