Observatorio Z. Toma 8

Octavo relato del apocalipsis zombie, esta vez de la mano de nuestra amiga Yanina Daniele que lleva el blog Pensamientos libres

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@yanina19801 - Twitter

El Refugio - Observatorio Z
Foto: Yanina Daniele



La premonición de Madame Fortuna 


El tiempo ha dejado de tener sentido. ¿Cuánto hace que estamos así? Ocultándonos como ratas, saliendo solo cuando los rayos del sol iluminan hasta el más pequeño rincón. ¿Han pasado meses o años? Cuando ya no tienes que cumplir con un horario, el tiempo deja de existir. Los días son iguales, uno tras otro se van sucediendo, sin un orden, sin cambios, solo la lucha diaria por sobrevivir, y para mí, esto ya ha dejado de tener sentido.

¿Para qué luchar día tras día? Nadie quiere morir devorado vivo, desmembrado entre gritos de dolor inimaginable, sintiendo como te arrancan la piel a tirones, lo hemos visto tantas veces sin poder evitarlo. Pero aún así ¿para qué seguir?

-¡Hay que luchar!- Nos grita Jaime todas las mañanas para darnos ánimos luego de una noche escalofriante. Pero ni siquiera él, sabe para qué o hasta cuando, sigue creyendo que de algún modo las cosas volverán a hacer como antes.

Vivimos en grandes galpones enrejados, sin techo, a la intemperie nos permite escuchar mejor los ruidos que podrían significar peligro. Claro, que vivir así no ayuda a la salud de los más débiles, el viento y la lluvia nos cala hasta los huesos, y eso que las temperaturas aún no han descendido lo suficiente. Tampoco ayuda a los nervios, el estar sin ventanas ni techo y escuchar crujir hasta la más pequeña ramita. Solo el fuego nos consuela en la profundidad de la noche, las hogueras parecen mantener a los zombis alejados de nosotros, o quizás es que no han encontrado la forma de entrar.

A plena luz del día, el silencio es enloquecedor, solo interrumpido por el canto de los pájaros o el ruido de algún animal moviéndose entre los pastizales. Pensar que siempre odié los ruidos: los motores de los autos, las motos que aceleraban, las alarmas de las casas, el tren cuando pasaba y hacía temblar todo el departamento en el que vivía. Ahora, hasta extraño los gritos de mi vecina. Ya no existe ningún ruido de lo que alguna vez fue nuestra civilización.

La ciudad poco a poco ha sido invadida por el campo, los animales han ganado terreno. Sí ha habido algún beneficiario en todo esto, han sido ellos. Los que alguna vez fueron parte de nuestra cadena alimentaria, ahora están a salvo, no solo de nosotros sino también de “ellos”. Si no fuera porque nuestras vidas penden de un hilo, reiría a carcajadas cada vez que veo a los zombis caminar y entre sus piernas los conejos van saltando como si no hubiera nada peligroso suelto, es que ya no lo hay, los únicos peligrosos para ellos somos nosotros y no somos tantos. 

Los zombis pululan por la calle, pero solo de noche o cuando está nublado, como si fueran vampiros, la luz del sol les molesta o quizás han aprendido que los descompone más rápidamente. ¿Quién sabe? No creo que nadie se acerque a uno de ellos y le pregunte, y aunque lo hiciera, no compartimos el mismo lenguaje, ellos tienen el suyo propio o algo que suena así.

De día se esconden en los edificios abandonados, en las cloacas o cualquier otro lugar que los resguarde del sol, por eso cuando salimos a buscar alimento, tenemos mucho cuidado de donde nos metemos, porque quizás no salgamos.

Vivir en esta ciudad no ha sido tan malo, antes que todo acabara, escuchamos acerca de lo que pasaba más al sur, y en otros lugares donde la temperatura es inferior a los cero grados, allí el virus transforma a los muertos en una especie de dientes colmillo de sable humanoide, caminan en cuatro patas y se mueven con la agilidad de los gatos, tienen los colmillos enormes saliendo de su boca y lo peor es que ni el sol los molesta. Estamos a finales de otoño, el invierno se acerca, espero que las temperaturas no bajen de los cero grados sino … esto será un infierno aún peor.

Vamos a buscar provisiones, miramos a todas parte, atentos a cualquier movimiento, está nublado pero no nos ha quedado otra, necesitamos medicina para los enfermos. Es irónico caminar por las calles y ver por primera vez cosas a las que nunca les prestábamos atención como los murales y los graffitis. Nadie nunca volverá a dibujar nada de esto, nada de esto volverá a existir, los íconos de la televisión, los viajes espaciales, tantas cosas perdidas.

Cosas que perdimos... con los zombis
Foto: Yanina Daniele

Para estar nublado, las calles se ven extrañamente vacías, a esta altura ya deberíamos habernos encontrado con algún muerto que terminar de matar, pero no ha sido así, eso me inquieta a mí y a mis diez compañeros. Más aún cuando recordamos las advertencias de Madame Fortuna, una gitana que se nos unió hace ya un tiempo, y cuyas premoniciones siempre se han cumplido.

- Quienes se marchen hoy, no volverán, las cosas están cambiando, los muertos están avanzando.
Tengo la piel de gallina y cruzar esta calle me ha puesto nerviosa, tanto que solo quiero gritar y salir corriendo, pero debemos llegar a la farmacia, que aún nos queda muy lejos. Los más pequeños, son los más enfermos, un niño y una niña de 5 y 8 años, que encontramos en una pequeña baulera hace una semana más o menos, comiendo golosinas, sus padres… ¿quién sabe?. 

Avanzamos lentamente, mirando cada hueco, cada puerta, esperando que de un momento a otro, los muertos hagan su aparición, siento que vamos hacía una emboscada...


¡Vaya menudo apocalipsis el de Yanina O_o Espero no encontrarme nunca con zombis colmillos de sable!

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9 comentarios:

  1. Como en todos los otros relatos la protagonista de este post es Yani. Así que es ella quien contestará los comentarios. <3 <3 <3

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    1. Hola PEqueño Mini Fu

      Muchas gracias por publicar esta historia algo depre jajaja.

      Besos

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    2. Gracias a ti Yani por participar y utilizar además de la imaginación variantes gatunas :)

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  2. ME han encantado los humanoides colimillos dientes de sable, mi mente ha imaginado una bizarrez tremenda... Y yo pensando que lo peor era que los zombies fueran rápidos como los infectados de 28 días después...

    Saludos :)

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    1. Hola Marta

      Me alegra que te gustaran los zombis humanoides, tenía varias ideas en la cabeza, pero como me gustan los gatos y sus variantes.. una mezcla de humano y tigre dientes de sable se me hizo irresistible jajaja.

      Saludos

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  3. Winter is coming! Madre mía, con unos zombies así creo que sería la primera vez que me alegraría lidiar con el calor de donde vivo porque si me sale un zombie mutante moriría la primera xDDD

    ¡Saludos!

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    1. Hola Marisa

      Jajaja sí frío invierno y los zombis más mortales, nada de andar Hibernando.

      Saludos

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  4. El futuro no pinta bien y las noches se avecinan difíciles... Me ha encantado porque a veces creo que avanzamos a un mundo así sin necesidad de fantasías ni zombis. Me ha gustado mucho! A por el siguiente!

    Besos.

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    1. Hola Naiara, gracias por comentar, y espero que no sea así, que el mundo no sea tan pesimista y oscuro como en mi imaginación.

      Besos

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