Observatorio Z. Toma 14

En el relato de hoy los muertos se levantan, más o menos como en los relatos anteriores :) Hoy damos paso a la catorceava intrusión zombi en El Obsevatorio, de de la mano de nuestra amiga Naiara y su blog El Faro de Arcadia

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Observatorio Z - Especial relatos sobre apocalipsis zombie para leer online
Escultura: PeterGabrielMurphy


Levantamiento


A menudo veo las noticias en televisión y comento la actualidad con mis allegados. Damos gracias por vivir donde vivimos, por no correr peligro, por creer que estamos a salvo. ¿Lo estamos? ¿Acaso conocemos a las personas que nos rodean? Sí, me refiero a nuestros vecinos, cada cual más raro y mezquino. Sé de lo que hablo. Aún soy joven pero si me diera la gana podría escribir un par de libros contando experiencias de lo más variopintas. 

Nada comparable con lo que experimenté el verano pasado…

Ocurrió en el norte de España. Los lugareños llamamos con cariño a nuestra capital Invernalia o Siberia-Gasteiz. En invierno hace frío, mucho frío. Durante unos seis meses aproximadamente deseamos que el verano regrese. Cuando regresa, echamos de menos nuestro hábitat más común. No nos ponemos de acuerdo. Así somos los vascos.

El caso es que el año pasado sufrimos una ola de calor. Veinte días superando los treinta grados centígrados. Para los norteños es una verdadera locura. Como podéis suponer no estamos acostumbrados y el término “instalación en el hogar de un sistema de aire acondicionado” nos suena a chino. En lo que respecta a mi casa, usamos un rudimentario ventilador que hace las veces y comemos helado para refrescarnos. Tecnología punta.

Mi error fue pisar la calle un domingo de agosto a las tres de la tarde, en plena ola de calor, para tirar la bolsa de basura que estaba a rebosar y despedía un tufillo de lo más desagradable. No me crucé con absolutamente nadie. 

Vivo en un pueblo de unos dos mil habitantes y más en concreto, en una zona de chalets que se podría asemejar a esos vecindarios americanos que vemos en series y películas. No suele haber mucha actividad pero aún así, ese día noté cosas raras. Por ejemplo, las abuelitas que no tienen nada mejor que hacer y deciden husmear en la vida de los demás, no ocupaban los bancos de madera del parque infantil. 

Por un lado, caminaba alegre al saber que nadie me vería recorrer cien metros con la ropa de estar por casa y una coleta mal hecha. Por otro, el suelo me quemaba las plantas de los pies, lo que me impedía andar con normalidad. Tras depositar la bolsa en el cubo correspondiente tomé el camino de vuelta. 
Seguí mis pasos y ¡bum! de pronto, el perro, que había vigilado en el pasado una de las viviendas, se abalanzó sobre la valla que le impedía escapar a la calle. Me mostró su esculpida mandíbula con ansia, vaya, como si quisiera darme un mordisco en el culo. Asustada, caí al suelo y al mirar sus ojos inyectados en sangre, hice lo que cualquier persona haría en una situación semejante: correr como si fuese el mismísimo Usain Bolt. 

Llegué a casa con el corazón en un puño y me escondí tras la puerta de entrada. Entonces analicé qué acababa de suceder. Ese perro, un golden retriever no muy amigable, había muerto hace un par de años. Y sus ojos… ¿Qué le sucedía en los ojos? ¿Cómo era posible que estuviera vivo? Tal vez me había equivocado.

Joder. – dije tapándome la boca con ambas manos mientras intentaba recuperar el aliento. – Maldito animal… - aquellas palabras las escupí con desgana y nerviosismo.  Desde muy pequeña había tenido miedo a los perros pero jamás de los jamases había visto algo parecido. 

Eché mano del móvil para olvidar rápidamente el altercado y por segunda vez, mi corazón latió con más fuerza de lo normal. La pantalla me mostraba una decena de whatsapps, todas de la misma persona. Mi novio. “¿Estás bien? ¿Estás en casa? ¿Has visto las noticias? Estoy bien, estoy aislado en el centro comercial.” Tenía pensado contestar cuando la batería me dejó tirada en el peor de los momentos. 

Tras morir el móvil, recurrí a la televisión. Concretamente a los informativos del canal autonómico ETB que dieron paso a un reportero con cara de preocupación. Vigilaba constantemente su espalda y estaba en el centro de la noticia, el mismísimo corazón de la ciudad que me había visto nacer, Vitoria-Gasteiz. Desde la plaza de la Virgen Blanca el reportero narraba historias bizarras, más propias de un libro de Stephen King. Estupefacta, me quedé con ganas de saber algo más pero la imagen de la televisión se volvió negra cuando el tipo pronunció la palabra “muertos”. 

¿Pero qué está pasando? – el sonido exasperado de mi voz retumbó en las paredes sin obtener respuesta. Mi novio en el centro comercial y mis padres de vacaciones en Extremadura. Podría haber sido peor.

Mientras daba vueltas por la casa ideé un plan de emergencias porque debía afrontarlo. Estaba sola en el pueblo a unos doce kilómetros de la ciudad y si ataba cabos, allí no estaría a salvo, no después de toparme con el perro loco de los vecinos. En mis veintiséis años había visto películas suficientes para saber que nada bueno estaba por venir. 

Me vestí con ropa cómoda y en el jardín de la vivienda busqué cualquier tipo de arma. Os preguntaréis que me hubiese gustado manejar y con mucho gusto os respondo que entre mis utópicas opciones estaban la famosa Lucille que muestra Negan en The Walking Dead o una motosierra que siempre viene bien y sirve para todo. Al final cogí una azada que solíamos utilizar para plantar patatas.

Esta era la situación. No tenía un transporte para moverme. Mi novio se había llevado el coche. El autobús más próximo llegaría en dos horas y media –si es que llegaba- y el tren estaba descartado. Tomé la avenida principal y bajo el sol infernal caminé sin descanso hasta el cementerio, la opción más viable dadas las condiciones. Mi familia era propietaria de una de las pocas criptas en aquel pequeño camposanto. El lugar daba escalofríos pero desde bien pequeña tenía muy claro a dónde acudir, mi abuela nos previno a todos. Si alguna vez sentíamos nuestra vida peligrar, debíamos acudir allí porque ella y el abuelo nos protegerían…

Sorprendentemente lo hicieron. Ambos estaban esperándome con los brazos abiertos. Al principio dudé, estaban frente a mí sonriendo, igual que en los recuerdos de mis sueños. Tal vez la piel fuese más blanquecina y los ojos más amarillentos pero maldita sea, eran ellos. 

Hija mía... – susurró mi abuela dejando escapar una lágrima. A punto de caer redonda al suelo mi boca se abrió para no emitir sonido alguno. No había palabras para describir esa situación, tampoco las hubo cuando llegó la medianoche. Sucedió muy rápido. Las tumbas se resquebrajaron y de muchas emergieron antiguos habitantes del pueblo. Reconocí a algunos. Todos se dirigieron al exterior, una vez fuera, vagaron sin aparente dirección. 

Antes, había charlado con mis abuelos sobre la última década. En especial, les había hablado de mi vida, de todo cuanto había conseguido, qué tal les iba a mis padres, tíos y primos… “lo normal” por llamarlo de algún modo. 

Dirigí la mirada a mis abuelos buscando respuestas del presente, no hizo falta formular ni una sola pregunta ya que mi abuelo arrancó a hablar con su particular voz de antaño, cálida como el día y oscura como la noche. 

Los muertos están enfadados y buscan venganza. Yo también pero tu abuela no me deja salir de aquí. – se miraron el uno al otro sin reproches, solo cómplices y profundamente enamorados, conscientes de que la muerte no era el final de su historia. A los pocos segundos la conversación se retomó.

Las guerras entre humanos están destrozando el mundo que construimos para vosotros. No me refiero solo a las bombas. – escuché muy atentamente, el padre de mi padre era pura sabiduría. – Las peleas que se originan por una plaza de aparcamiento o quien estaba antes en la cola del supermercado, esas pequeñas estupideces. – guardó silencio un momento, creo que para dejar que comprendiese el significado de aquello. – El mundo necesita una limpieza. – dictó para finalizar. Minutos después caí en un profundo sueño sabiendo que nada iba a ocurrirme junto a ellos. 

Al amanecer, los “muertos” que lograron sobrevivir regresaron a sus tumbas así como también mis abuelos. No volvieron el marido de mi prima, víctima de un accidente de tráfico, ni una chica del pueblo, fallecida en otro accidente al cumplir la mayoría de edad.

Un año después, sigo teniendo dudas sobre lo acontecido. El levantamiento, nombre por el cual se conoció a aquel día, desenterró viejas heridas. Puede que parte de la sociedad mereciese “ser limpiada” pero también hubo bajas inocentes, en los dos bandos.

Comprendí que la vida y la muerte no son tan distintas como creía. 


PD: Dedicado a quienes no están.


¡¡Me ha gustado mucho y me ha dejado volar la imaginación con los que no han vuelto a la tumba... soy un cojín romántico!

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12 comentarios:

  1. Hialloween!! :) Después de este estupendo juego de palabras cedo el turno a la autora de este relato para que conteste los comentarios :)

    Besos a todo el mundo :)

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    1. Gracias Mini-Fu por dejarme participar en este proyecto y tener tanta paciencia conmigo. Ha sido un placer colaborar :)

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  2. Los abuelitos siempre nos cuidan incluso en el apocalipsis zombie :)

    Me ha gustado mucho Naiara.

    Saludos

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    1. Los abuelos deberían ser eternos :)
      Gracias por leerlo!

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  3. Halloween is coming!! Fan total!!! Me ha gustado mucho el relato, Naiara :-D Con gancho hasta el final!!!

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    1. Me alegro que os haya gustado, la verdad. Tenía pensado escribir algo gore y salió lo contrario jaja
      Besos!

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  4. ¡Muy original! Los abuelos son eternos y siempre al pie del cañón ^^
    Igual sí que hacía falta un levantamiento, que hay gente que va muy enfurruñada por la vida...

    ¡Saludos!

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    1. Una pequeña limpieza como en The Purge pero en versión apocalíptica con zombis :P
      Besos!

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  5. ¡Qué historia más bonita! Me has dado en qué pensar. No me importaría un apocalipsis con zombies así.

    Salidos bajo la lluvia

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    1. Gracias por tus palabras! Me encontraba viendo In the flesh y afectó al relato sin duda.
      Saludos :)

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Muy bonito Naiara, es totalmente diferente a lo que me esperaba, es tierno y con un buen mensaje para todos, enhorabuena, un saludo

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