Observatorio Z. Toma 16

Hi!!

Penúltimo relato de zombis y estoy a punto de llorar porque esto termina. Ainsss. Me quedo con que ha sido estupendo contar con tantas colaboraciones.

Esta vez de la mano de Marisa Doménech ¿su blog? Nuevo viaje a Ítaca

También la podéis seguir en:

@NuevoItaca - Twitter


Observatorio Z - relatos sobre el apocalipsis zombie
Ilustración: hateless-kuroyuki




Los últimos hombres vivos


El mundo conocido se encontraba en las postrimerías de su existencia desde hacía apenas unos meses…
Pero, ¿qué es lo que le había ocurrido al actual sistema de vida? ¿Y en qué medida había quedado afectada la población en su globalidad?

La Tierra. El mayor de los planetas rocosos. Su orogénesis siempre ha permitido acaparar un cúmulo de gases que la envuelven formando capas, esto es, la atmósfera, que en condiciones habituales ha tenido como función expandir luz y absorber el calor del Sol. La Estrella Sol siempre ha proveído de vida al globo terráqueo y permitido que la composición del plasma, el helio y el resto de elementos de aquélla pudiera facilitar la función de la fotosíntesis en las plantas al entrar en contacto con la clorofila. La isostasia representa la condición de equilibrio de la corteza, siendo fundamental para el relieve de la Tierra, si bien, el equilibrio isostático puede romperse al provocarse un movimiento tectónico o cuando se derrite una capa de hielo. 

¿Y qué hay de ese equilibrio natural? Si es que tampoco quedaba nada del orden anteriormente establecido, fuera militar, político, social, medioambiental o tecnológico. El aspecto que presentaba la mitad del planeta era catastrófico. Sobre todo, en la franja correspondiente al Hemisferio Sur. 

Marisa se encontraba en el interior del Gabinete de Prensa y Divulgación de la Delegación del CSIC en la Comunidad Valenciana. Hacía tres años que trabajaba en su sede, ubicada en la calle Cronista Carreres, en pleno centro de Valencia como empleada de la limpieza. 

Pudo ver directamente desde los monitores de la sala de despacho, la retransmisión de noticias que informaban acerca de un proceso secuencial paulatino, de cómo en muchísimos lugares del mundo, los postes de luz y el cableado eléctrico habían sido derruidos, así como toda la infraestructura de redes coaxiales (telefonía interurbana, internet y televisión, así como los sistemas de ondas de radio); los muros de algunas fachadas de edificios y su interior habían quedado destrozados por la acción de la fuerza bruta al haber sido ejercida una presión en masa que había derribado pilares y tabiques. Los incendios no tardaron en hacer acto de presencia debido a las explosiones de gas butano y propano utilizados en las casas, a la rotura de contenedores de combustible en las gasolineras y en vías de servicio, a fugas de petróleo y de energía petroquímica, a las filtraciones de energía térmica de determinadas centrales nucleares sobre el espacio mediambiental. Hubo escapes radiológicos en cadena en muchos de los establecimientos que llevaban a cabo una actividad nuclear (hospitales, laboratorios de investigación…) Las inundaciones, sobre todo en los países más subdesarrollados, habían proliferado las últimas semanas. La contaminación atmosférica y la liberación de gases tóxicos rebasó los límites permitidos en muchas áreas geográficas. Las calles de las ciudades y en menor medida las zonas rurales conformaban un decorado de cadáveres en descomposición, miembros descuartizados y tirados en las aceras o en mitad de la vía y de los campos, suciedad, inmundicia y desperdicios. Y todo ello, después de haber asistido a un proceso de holocausto caníbal producido a escala planetaria, de una magnitud y proporciones incuantificables.

Contempló en tiempo indefinido, -dos, tres días, quizá cuatro y siempre escondida-, el caos que se apoderaba de todos los rincones del planeta, extendiendo su virulencia en mayor o menor grado según el área geográfica de que se tratase, hasta que finalmente las pantallas de los ordenadores y los monitores de televisión de las oficinas donde se encontraba comenzaron a emitir un fundido en negro y la radio definitivamente dejó de funcionar.

Los expertos ya vaticinaron en 2.015 que el panorama sobrevenido podría llegar a ser dantesco en el presente año, 2.016, en cuanto el meteorito marciano Panegedo, que incluía en su composición grandes cantidades de una especie hostil de microorganismo extraterrestre, alcanzara la estratosfera e impactara sobre la superficie. Esta información había sido adquirida gracias a las muestras recogidas por las sondas espaciales un año antes, habiendo sido informada la población. Ya se sabe. Siempre hay alguien que filtra documentación secreta aun no siendo del interés de los gobiernos el que ésta se propague a la ciudadanía.

¿Y ahora, qué? ¿Todo estaba perdido? ¿Qué iba a pasar con los supervivientes? Pero volvamos a la realidad pragmática del momento actual…

Al cabo de dos meses, en la ciudad del Turia, concretamente cerca de la Porta de la Mar y los Antiguos Juzgados, caminaba con especial recelo una de las pocas personas supervivientes del apocalipsis zombie. Se trataba de Marisa, la limpiadora del CSIC, que continuaba viva. El problema, al parecer, era que aunque la población de infectados había disminuido considerablemente ella sabía que no se encontraba sola ni aislada. Todavía  pululaban algunos engendros mutantes. Por ello, había que seguir guardando la vigilancia, otear en todas direcciones con una operatividad casi constante. Se había refugiado en un sótano que encontró al poco de escapar del entramado de oficinas donde había pasado los primeros días. Cuando entró al recinto subterráneo tuvo que enfrentarse a dos infectados, probablemente sus propietarios y matarlos con el extintor. Luego buscó la llave de la puerta blindada, encontrándola en un bolsillo de la cartera que pertenecía a uno de los zombis difuntos. A los pocos días no tuvo más remedio que sacar los cuerpos afuera, ya que empezaron a descomponerse, siempre con cuidado de no ser atacada y con el esfuerzo que era necesario emplear para poder sostener el peso de ambos. Ignoraba si en el barrio de la Xerea habría más humanos pero a estas alturas no parecía importarle demasiado. 

El sótano había sido un refugio seguro durante sesenta y pocos días. Aun a riesgo de tener que salir esporádicamente a sabotear la comida del Mercadona de la esquina.  No había sido difícil orientarse respecto a qué hacer porque como buena friki se había leído hacía un par de años el “Manual Completo de supervivencia: las veinte reglas de oro con las que defenderse de una amenaza zombi mundial, paso a paso”. Allí se recomendaba, entre otras cosas, rechazar la tendencia innata al agrupamiento y a la necesidad de constituir una comunidad de la resistencia. Ni soñarlo. 

Bastaba con que una sola persona se contagiara para iniciarse una cadena en espiral de ataques y mordeduras. Y ya que había sido imposible detener el brote en sus inicios era igual de inevitable que los últimos hombres vivos se contagiaran también. Para contradecir esta tesis había que esperar a que los zombies más viejos acabaran por pudrirse con el paso de las semanas. Con entereza había observado que las carnes purulentas de aquellos que en mucho tiempo no se habían comido a nadie empezaban a descomponerse en grado bestial lo que provocaba que poco a poco se fueran quedando inmóviles y resecos.

Oh…oh…

¿Quién andaba ahí ahora? Se había desviado hasta la calle San Vicente, porque una pequeña aglomeración de zombies la perseguía. En eso estaba cuando se apercibió del sonido de unos pasos delante suyo, justo cuando mantenía la vista atrás. Volvió a recolocarse y casi se chocó con él. El espécimen que tenía enfrente ya estaba levantando los brazos para agarrarla. Asustada, hizo ademán de echar a correr con tan mala fortuna que resbaló estampándose sobre el asfalto. 

El infectado la había cogido por el tobillo. Marisa no conseguía deshacerse de él aun tirando fuertemente de la pierna tomada. Los dos se arrastraron por el suelo un buen trecho. Finalmente los otros rezagados también la cercaron. Aunque se movían lentamente. Su laxitud se debía a que apenas les quedaban fuerzas de flaqueza, lo que significaba que debían estar hambrientos.

Sabiéndose mujer muerta, mejor dicho, pronta a resucitar, la sorpresa que se llevó fue mayúscula cuando resonó el impacto de seis o siete disparos muy cerca de sus oídos, tras lo cual, los zombies comenzaron a desplomarse uno detrás de otro. Alguien se los había cargado. 

Sorprendida, levantó los ojos y descubrió a otro miembro de la raza humana.

-Tengo un compañero de mi misma especie.- se dijo. Su salvador era un hombre relativamente joven. Como ella. La emoción fue tan inmensa que casi se echó a llorar. Había presenciado cómo los funcionarios del CSIC con los que convivió se transformaban delante de su propia cara. Y aun así creía que lo mejor era tener ayuda.

El desconocido se fue acercando con parsimonia. A medida que se aproximaba, Marisa iba haciendo lo propio pero manteniendo los brazos abiertos en señal de amistad y agradecimiento. Sin embargo, esa persona reaccionó con inusitada frialdad. Por eso ella, por precaución, tuvo que contenerse ligeramente. Tras presentarse la mujer le puso al corriente de su situación y de la dirección de su escondite. Estaba ingenuamente convencida de que el instinto de supervivencia era un criterio muy fuerte que se imponía siempre al deseo primitivo de violar o asesinar y que la necesidad de cooperación era lo determinante frente a la amenaza de ataques incontrolables de muertos vivientes que se comen tu carne. Sin embargo, se equivocaba de pleno; porque la situación dio un giro inesperado.

Así, tras la conversación él le pidió la llave. La muchacha se negó en redondo si bien ya era tarde para ello. Desposeído de toda vacilación, el hombre levantó la pistola y apuntó sobre su cabeza para coaccionarla. La muchacha se mantenía con los ojos cerrados, rezando en medio de agudos sollozos. No había vuelta atrás. Y lo sabía. Sabía que iba a morir a manos de una persona normal y corriente. De forma que transcurridos unos segundos se cumplió lo que ella pensaba que sucedería. El asesino disparó. Al momento, un coche sucio y abollado que había estado aparcado a cierta distancia se puso en marcha hasta colocarse junto al joven. Lo ocupaban dos individuos, un hombre y una mujer, ambos de mediana edad. Sin más dilación, el asesino se subió al vehículo y éste arrancó con toda su furia. El cadáver de la pobre Marisa iba a terminar sirviendo de alimento a esas bestias carroñeras.

La acción parece, de entrada, contradictoria. Pero si se profundiza en ella lo que entraña es una terrible paradoja: el ser humano en circunstancias favorables de abundancia y adaptabilidad tiende a la solidaridad natural, en cambio, es capaz de cometer los crímenes más execrables cuando compite con sus iguales en condiciones de extrema supervivencia, como en este caso.

A esos tres individuos el destino también parecía augurarles un fatal desenlace. ¿O no?
¿Quién pensáis que ganará la batalla? ¿Los zombies o los humanos?


¡Los zombis por supuesto. Desde la primera mordedura el humano ya ha perdido [...] es por eso que hay que comer limones!

Quizás también te interese...

20 comentarios:

  1. Marisa ahora te toca a ti contestar a tus fans :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Con mucho gusto, Mini Fu. Y te estoy muy agradecida por que me hayas dado la oportunidad de colaborar en esta magnífica sección que me ha tenido enganchada con la lectura de post muy buenos. Gracias a tí y a tu blog.
      Besos! :)

      Eliminar
  2. Me ha gustado mucho. La verdad es que el ser humano, en situaciones límite, puede llegar a ser extremadamente cruel. El relato da que pensar. Enhorabuena!!!

    Besotes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Mi álter Ego,
      Me alegra mucho que te haya gustado. A mí los zombies es un tema que me apasiona cinematográfica y literariamente y pienso que incluso puede suscitar fácilmente debates de este tipo a efectos de especular qué podría suceder con las reacciones de los humanos supervivientes entre sí. Desde luego, en muchos casos pienso que no demasiado buenas. No soy optimista al respecto, la verdad.
      Agradezco tu comentario y tu interés en la lectura. Me animas.
      Besotes! ;-)

      Eliminar
    2. Según mi criterio, si el apocalipsis pasa rápido, me refiero a que si en una semana hay el 80 por ciento de la población convertida en zombi los humanos harían piña ya que tendrían un montón de recursos: comida, medicación, etc... ahora si la epidemia va lenta y se terminan antes los recursos ya puedes ir buscando una cueva bien profunda anti-zombis y anti-humanos :)

      Eliminar
    3. Si, ahora que lo dices, no había caído en que en caso de quedar la población reducida a un mínimo porcentaje podrían aprovechar mejor todo aquello que aun se conservara, que sería abundante. Claro que la tecnología probablemente quedaría bastante inservible. ¿Os imagináis lo que son capaces de hacer inmensas aglomeraciones de destroyers zombificados? jeje, es por rizar el rizo.

      Eliminar
    4. Si hay una aglomeración considerable, digamos unos 1000, de tanto empujar podrían tirar vallas o paredes enteras... según Tufo en Lluvia de Zombies. Y si lo miras bien tiene razón ya que si van siempre pa'lante sin importar los que mueren ejerciendo presión sobre una superficie, esa superficie tiene que ceder tarde o temprano. Y claro que la tecnología se iría al traste... a no ser que los satélites fueran autómaticos y no necesitaran mantenimiento... lástima que luego los servidores caerían todos ya que...uy como me enrollo :)

      Eliminar
    5. Qué va, está muy bien lo que planteas... Mola saberlo :)

      Eliminar
  3. Cuando muera la energía, todos seremos zombis... intensa, trepidante y agitada historia¡¡

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Suni,
      En un mundo adaptado, altamente desarrollado y tecnológicamente organizado, el hombre se siente como el propio creador. Pero basta con que irrumpa un elemento o una circunstancia ajena a esta perfectibilidad para que toda la estructura regia se desmorone, puede ser un cataclismo, la caída de un meteorito o sin ir más lejos, la venida de un apocalípsis zombie. Si muere la energía, morirá el equilibrio y la seguridad, la raza humana se sentirá perdida ante su sofisticada creación y abandonada a su suerte.
      Muchísimas gracias por la lectura y por tu comentario. Has aportado una idea muy interesante que me has dado pie a desarrollar.
      Un beso!! ;-)

      Eliminar
    2. Si hablamos de energía -no espiritual- no creo que sea el fin como decís. El hombre ha vivido años y años sin energía y por muy bien acostumbrados que estemos ahora no creo que entre morir o comer con una vela a falta de bombillas tengamos que pensarlo mucho. Además sale el sol todos los días mua ja ja

      Eliminar
    3. Si, Mini Fu, claro que seguiría la vida, estoy de acuerdo contigo. Pero sería el fin del desarrollo ultratecnológico y de la seguridad. Habría una involución, una vuelta atrás. Quizá sería el momento de replantearse nuevas concepciones acerca del sentido de existencia y restaurar nuevos valores procedentes de las primeras civilizaciones remotas. Se me ocurre pensar...¡Qué debate más interesante se ha creado!

      Eliminar
  4. ¡Muy guay!

    Como bien se dice en este relato, no somos si no una mínuscula partícula de polvo en el universo. Un apocalipsis zombi, en definitiva, no sería tan catastrófico si se mira desde el punto de vista universal, ¿verdad? :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Holden,
      Muchas gracias por dar tu opinión, primero por acercar tu interés a esta historia que contiene muchos aspectos filosóficos a analizar, como induce la misma temática zombie. Hay un análisis existencial en el mundo zombie literariamente hablando, no solo se centra el debate en las mordeduras, los ataques y las persecuciones...
      Por eso tu comentario es tan elocuente. Imagínate la importancia que tiene una hormiga para un elefante. Es una relatividad no comparable entre dos cosas que se guardan enorme distancia. Entre el inconmensurable Universo y la Tierra y con ella el hombre. Aunque el hombre pereciera convertido en zombi el universo seguiría expandiéndose como si tal cosa.
      Me alegra que el relato te haya hecho reflexionar. Interesantísimo lo que planteas.
      Un abrazo :)

      Eliminar
  5. Aunque las historias de zombies no son mis favoritas, la conclusión que me queda siempre es la misma: al final siempre acaban dando más miedo los vivos que los muertos vivientes. Y esta parte de la historia me lo ha dejado muy claro.
    Aunque también me planteo una cosa, pues tengo la convicción que detrás de cada historia pensada para provocar terror, hay una enseñanza fundamental que extraer: ¿y si los zombies no dejan de ser ese vestigio que nosotros éramos durante la Prehistoria, y en un futuro apocalíptico no nos queda otra más que volver a ese estado salvaje para construir de nuevo una civilización basada en el orden y el progreso? Pensar en eso realmente es lo que me da pavor.
    Felicidades a las dos por el relato :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Carmorán (Carolina)
      Muchas gracias por venir al blog de la compañera Mini Fu y por tu interesante comentario.
      Efectivamente, los hombres primitivos y su trayectoria está intrínsecamente ligados al instinto de supervivencia y al primitivismo. Eso implica muchas cosas, entre otras que no se plantean negociar, sino la ley del más fuerte. Hasta que no se alcanzaron estadios superiores y el desarrollo de la conciencia no fue posible alcanzar una mínima idea de progreso. Si viviésemos una involución hasta el punto de regresar a los principios de la evolución, sería terrible. Yo no lo consideraría una segunda oportunidad para la humanidad, más bien una advertencia universal, algo así como un castigo. Opinión particular, claro. Y si que me parece también que hay que temer más a los vivos. Leí hace poco que no existen posibilidades biológicas de poder conservar la movilidad ni la autonomía si el cerebro no está activo porque se ha fallecido. La luz descompondría todavía más los cuerpos, no sería posible una resurrección. Eso tranquiliza, ¿no?
      Un beso

      Eliminar
    2. Puede que el cerebro deje de funcionar pero el virus, parásito o lo que sea Z se encarga de eso precisamente. Hay un teoría en un libro que estoy leyendo sobre como hace funcionar el cerebro a su huésped, en este caso nosotros. Tal virus para sobrevivir busca proteínas de ahí su obsesión por la carne humana, pero en el libro están haciendo pruebas con barras de proteínas y parece que momentáneamente los zombies pierden interés en comer gente aunque su apetito es eterno :) Qué suerte ser un cojín y no tener proteínas :)

      Por tanto no me valen los estudios biológicos sobre si el cuerpo deja de funcionar si muere el cerebro ya que este no es el caso. Y es que los zetas son mucho zetas :) Por tanto todas la posibles hipótesis "reales" quedan descartadas cuando se trata de los zombis :)

      ¿Resurrección? Precisamente para ser un zombi tienes que resucitar, así que no tranquiliza para nada :) Leí en otro sitio lo de la luz. Falso. Dicho virus tiene que dar movilidad al cuerpo a través de energía, ¿cuál? pues a través de la comida, un cuerpo podrido e inerte sí que se descompondría por el Sol pero un cuerpo en movimiento que está "vivo" de otra manera (resulta muy difícil describir la vida, se les llama no muertos porque pasan por ese estado, pero ¿y si fuera otro tipo de vida?) por tanto si damos por correcto que es otro estado de vida se podría perfectamente aclimatar a las inclemencias del Sol y que lo único que puede parra a un estado de vida es la hibernación, por tanto sería un largo invierno el único método para tener paz de estos bichos, aunque al llegar primavera...

      Recordemos que estamos hablando de un virus en su teoría (virus, parásito, etc.., pero me gusta llamarlo virus) ya que lo único que se sabe del zombi real está en la cultura haitiana y su vudú aunque son totalmente diferentes de nuestro queridos amigos andantes.

      Un saludo

      Eliminar
    3. Muy interesante todo lo que planteas, Mini Fu. No me había parado a pensar en ello. Tendemos a valorar científicamente las cosas, pero dejamos pasar por alto cuestiones que en materia de mutaciones e infecciones por agentes patógenos pueden alterar las moléculas y átomos, por ejemplo. Por no hablar de la vida inmaterial o cuando la zombicidad se asocia al inframundo o al demonio, como en la película Rec, por ejemplo. Me ha gustado tu comentario porque abre nuevos temas a tener en cuenta.

      Eliminar
  6. Hola hola! Me ha encantado el relato, crudo y con un claro mensaje.
    Creo que el ser humano es capaz de subsistir sin energía y sin todos esos lujos que están al alcance de nuestra mano ahora mismo. Pero el problema reside en el ser humano y en lo idiotas que somos. Por eso estoy del lado de los zombies, que son honestos y simples con su propósito.

    Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Naiara,
      Muchas gracias por leer y comentar, tu apoyo es muy importante. Y disculpa si he tardado en responder.
      Si lo vemos desde la perspectiva del puro instinto y la rudeza de la supervivencia sin la necesidad de utilizar el engaño y la manipulación podríamos decir que un zombie actúa honestamente. Sin embargo, les tengo bastante grima, jeje. Pero entiendo tu planteamiento. También estoy de acuerdo en que la involución y la falta de tecnología y desarrollo sería igualmente un reto para el ser humano, pero con la capacidad innata de adaptación al medio que tenemos, no quedaría otra.
      Encantada de que te hayas pasado a conocer la entrada.
      Besos!!

      Eliminar

Entradas populares

suscribirse

* Campo requerido, si no como te voy a enviar el e-mail...¡Cerdicornio!